5 may. 2019

La tregua


Asi, con la playa vacía, las olas se vuelven imponentes, son ellas solas las que gobiernan el paisaje. Veo ese mar implacable, desolado, tan orgulloso de su espuma y de su coraje, apenas mancillado por gaviotas ingenuas, casi irreales, y de inmediato me refugio en una irresponsable admiración. Pero después, casi en seguida, la admiración se desintegra, y paso a sentirme tan indefenso como una almeja, como un canto rodado. Ese mar es una especie de eternidad. Una presencia móvil pero sin vida. Una presencia de olas oscuras, insensibles. ¿Y si el mar fuera Dios? También un testigo insensible. Una presencia móvil pero sin vida.
La tregua-Benedetti

4 comentarios:

  1. Desde luego el mar podría ser Dios perfectamente.

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  2. La contemplación del mar, según su momento, te puede relajar, excitar, asombrar...però siempre impone e infunde respeto... Sí ciertamente podría ser un Dios!!
    Has escogido muy bien esta imagen con las protecciones bajadas para dejarnos entrever el mar.
    Un abrazo.

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  3. Muy bien elegido el texto.
    Me gusta como la has compuesto...esa tela caída y ese cielo ... se puede esperar cualquier cosa

    Un abrazo

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  4. Me gusta mucho la toma y el precioso texto con el que la complementas.
    Saludos
    Ramón

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